Toques eléctricos

Pensar, sentir, la confusión también genera sus productos.

Ergo Rodrerich

xipe

Siempre me resulta muy difícil hablar de mí, así que mejor no diré nada.

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Viernes, 14 Septiembre 2007 18:28:25 GMT

Luisa (texto)

Amigos, gracias a todos los que han visto mis fotos. Muchos de ustedes me han mencionado que les gustó mucho el homenaje que hice de Luisa y El Fresnito (vean las fotos aquí ). Quieren saber más sobre esta muchacha (era señora, pero su comportamiento y los ánimos que tenía siempre entre nosotros eran los de una joven), de modo que hoy contaré un poco la historia de Luisa, aquella historia que me tocó conocer.

Primero hay que hablar del lugar. Luisa vivió en El Fresnito, una humilde ranchería en el municipio de Zapotlán, el Grande. El Fresnito es una serie de casas y parcelas producto del reparto agrario. Los terrenos que ahí se encuentran son tierras ejidales que fueron entregadas hace muchos años. Una de esas parcelas fue para mi abuelito Rafael Rodríguez Palomino, padre de mi mamá. Nosotros ya vivíamos en Zapotlán, pero cada fin de semana ibamos al rancho de mi abuelito a gozar del aire libre. En su tiempo ayudábamos a sembrar o a "asegundar" la tierra para que produjera maíz. Cuando hacíamos esto (meros aficionados que no soportábamos el trabajo del campesino) nos ayudaban los vecinos. A un costado del rancho de mi abuelo vivía una señora que tenía numerosos hijos e infinidad de nietos. El nombre de la señora no lo supe nunca, el apodo sí: "la Parranda", ya sabrán ustedes el porqué de ese nombre. Alcohólica la señora adquirió ese apodo como un castigo eterno y vergonzoso. Era sabido que la vida en esa familia estaba cargada de pesares múltiples (los económicos y los morales), las disputas entre hermanos eran frecuentes y la resolución de los pleitos venía de la propia madre quien a punta de trancazos (verdaderamente golpeaba con trancas) separaba a los riñosos. No era sorprendente escuchar que la mamá había roto uno de esos palos en el "lomo" de alguno de sus hijos. Aun así el comportamiento de "La Parranda" y sus hijos hacia nosotros siempre fue amable, ayudaban sin esperar nada a cambio y sabíamos que cuidaban de nuestro abuelo (en lo que podían).

Una de esas hijas era Luisa quien también, al igual que sus hermanos, heredaron el gusto por el alcohol que tenía su madre. Era, pues, hasta un lugar de referencia en todo El Fresnito la casa de "Las Parrandas". Luisa tuvo varios hijos los cuales, hasta donde sabemos, son "hombres de bien" que no gustan del alcohol hasta el embrutecimiento. Luisa era una de las personas que más nos buscaban cuando llegábamos con mi abuelito a trabajar. Ella, creo yo, sentía cierta protección de mi madre y la quería mucho. Aunque la finalidad última de estos hermanos era ayudarnos para obtener un poco de comida y unos cuantos tragos gratis (mi padre se encargaba de hacer ponche de granada) siempre nos ayudaron a las labores de la tierra, eran ellos quienes iban a cortar los mejores elotes o los duraznos más dulces mientras nosotros, de niños, jugábamos.

Dejé de ver a Luisa con la frecuencia que antes lo hacía, el trabajo en otras tierras me mantenía alejado de mi lugar de nacimiento. En una de esas ocasiones en que volví pude hacer las fotografías que ya todos conocen. El alcoholismo de Luisa no pudo alejarse nunca y un día (tal vez unas cuantas semanas después de estas fotos) mi padre me habló por teléfono para contarme que Luisa había muerto de cirrosis. La noticia de la muerte, su impacto, se vio disminuído cuando me contó los detalles de su sepelio. La misa de muerto se realizó ahí mismo, en El Fresnito. Muchos de sus habitantes fueron a darle el último adiós. Gente humilde que no tenía para más llevaron sus flores que guardaban en sus propias macetas de sus ranchos. El lugar se vio adornado, pues, de botes grandes oxidados por el tiempo, pero portando las más bellas flores otorgadas por un pueblo que quiso a Luisa.

El sacerdote pidió que durante la misa el cajón de Luisa fuera bajado del carrito que la portaba para que estuviera directamente expuesto al suelo, tierra que la recibiría más adelante y para siempre. Este gesto más bien raro para mucha gente fue entendido como un verdadero y grande homenaje por parte de mi padre ya que le hizo recordar el sepelio que el papa Juan XXIII tuvo en su tiempo. Así Luisa la borracha quedaba elevada por unos minutos a la altura de la santidad.



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Sábado, 18 Agosto 2007 09:49:32 GMT

¿Por qué Xipe? (Texto)

La causa remota

En mi irrecordable lista de "trabajillos" que tuve que hacer durante mi infancia (el gasto familiar, la maduración, la responsabilidad, todos esos aprendizajes) estuvo el que desarrollé en el Museo de Zapotlán, el Grande. El trabajo era de barrendero (¿por qué todos ahora huyen de esa palabra?). En las horas libres, que eran muchas, por supuesto, yo recorría el pequeño museo buscando nuevas sorpresas. La oportunidad de ser un trabajador de ahí me ortorgaba el permiso de indagar en documentos almacenados en una desordenada biblioteca.

Había en los pasillos una serie cuadros que me impactaron fuertemente. Uno de ellos era un larguísimo árbol genealógico que iniciaba en Adán y Eva y que terminaba en el nacimiento del mismísimo Jesucristo. Un trabajo titánico que no sé quién realizó, pero que a mí me gustaba recorrerlo con la mirada leyendo nombres divinos y de fonética resonante.

Pero había en especial otro cuadro con otras resonancias. El estilo claramente europeo hablando sobre temas indígenas prehispánicos, mostraba un indio posado en el suelo vestido ni más ni menos que con una piel humana. Cerca de sus dedos rígidos se advertían unos dedos flácidos, ya sin hueso alguno que los sostuviera. Ese cuadro me llamó mucho la atención sobre todo después que supe que el Xipetotec, así llamado, era una de las deidades veneradas en el antiguo Tlayolan (la primera Zapotlán).

El dios

Ese tal Xipetotec es también llamado "nuestro señor desollado", dios de la primavera y de las lluvias nocturnas (las mejores para los cultivos). Es un dios al que se le ofrece la sangre de los sacrificados para la fertilidad de la tierra. Los rituales debieron ser impactantes, al ídolo de piedra se le cubría, como con un manto humano, con la piel arrancada a los prisioneros de los aztecas. La sangre producida era arrojada a la tierra, como una especie de semen rojo que la fertilizaba para las buenas cosechas.

Este dios otorgó su piel para que hubiera buenas cosechas y luego se le vistió de pieles humanas en recordatorio de su sacrificio, como devolviéndole esa piel que había perdido. El día de su celebración era el 3 de mayo (fecha luego "actualizada" por la religión católica, día de la Santa Cruz, lugar donde se derramó La sangre divina) y creo que en algunos pueblos de El Salvador siguen teniendo fervientes adeptos.

La importancia del Xipetotec es tal que debemos recordar que fue uno de los dioses que participaron en la creación del mundo.

Las razones del Xipetotec

Este dios ofreció su piel para la continuidad de la vida. Sus devotos, después de verter la sangre sobre tierras infértiles, visten al ídolo de piedra como devolviéndole lo perdido, haciéndolo vivir ahora a él. El simbolismo que todo esto arroja quiere decir que el dios vive con la piel prestada de otro, para vivir necesita del otro.

Esta es la idea del máximo sacrificio, ofrecer la vida para que otro u otros vivan. En la idea cristiana es Jesús quien se sacrifica para que vivamos todos nosotros, pero en la religiosidad indígena somos nosotros quienes hacemos vivir a los dioses. Idea verdaderamente escandalosa si la miramos en nuestros tiempos modernos cuando los ídolos están cayendo. Aquí no ahondaremos en estos terrenos, simplemente quiero mencionar esa idea de sacrificio y de vida para los demás, sean dioses o sean hombres.

La fotografía y Xipe

Esa idea de "vivir a través de otro" sienta bien en lo que es la fotografía en sus dos aspectos.

Primero. Es cierto que nosotros los fotógrafos capturamos las imágenes de aquello que otros hicieron (llámense hombres, naturaleza, casualidad o Dios). Esta idea resulta un tanto aborrecida por los fotógrafos ya que sobajan nuestro quehacer a un mero sentido de "copistas" (lo que, por otro lado, alegraría mucho a Aristóteles, quien señalaba que el arte es una copia de la naturaleza) y aunque es cierto en parte esta aseveración, nuestro quehacer exige que se le vea como un arte en toda la extensión de la palabra. Ya que es, aquí el segundo aspecto, una creación enteramente nueva, no una simple copia.

Segundo. Nosotros los fotógrafos damos vida nueva a aquello que fotografiamos. Es en nuestras imágenes que la realidad o lo externo se ven recreados formando un paralelismo que enriquece al universo. Esas creaciones son las que hacen más interesante este mundo en el que vivimos y fue gracias a la creación del fotógrafo que pudimos acceder a una nueva interpretación de la realidad.

El Xipe de la imagen, ese debe ser el fotógrafo, un ser que se vistió con la luz de los otros arrojando una nueva vida para lo ya existente. Cada foto que realiza el Xipe multiplica las posibilidades de este mundo.



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