El Fresnito (homenaje a Luisa)
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Pensar, sentir, la confusión también genera sus productos.

Siempre me resulta muy difícil hablar de mí, así que mejor no diré nada.
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La causa remota
En mi irrecordable lista de "trabajillos" que tuve que hacer durante mi infancia (el gasto familiar, la maduración, la responsabilidad, todos esos aprendizajes) estuvo el que desarrollé en el Museo de Zapotlán, el Grande. El trabajo era de barrendero (¿por qué todos ahora huyen de esa palabra?). En las horas libres, que eran muchas, por supuesto, yo recorría el pequeño museo buscando nuevas sorpresas. La oportunidad de ser un trabajador de ahí me ortorgaba el permiso de indagar en documentos almacenados en una desordenada biblioteca.
Había en los pasillos una serie cuadros que me impactaron fuertemente. Uno de ellos era un larguísimo árbol genealógico que iniciaba en Adán y Eva y que terminaba en el nacimiento del mismísimo Jesucristo. Un trabajo titánico que no sé quién realizó, pero que a mí me gustaba recorrerlo con la mirada leyendo nombres divinos y de fonética resonante.
Pero había en especial otro cuadro con otras resonancias. El estilo claramente europeo hablando sobre temas indígenas prehispánicos, mostraba un indio posado en el suelo vestido ni más ni menos que con una piel humana. Cerca de sus dedos rígidos se advertían unos dedos flácidos, ya sin hueso alguno que los sostuviera. Ese cuadro me llamó mucho la atención sobre todo después que supe que el Xipetotec, así llamado, era una de las deidades veneradas en el antiguo Tlayolan (la primera Zapotlán).
El dios
Ese tal Xipetotec es también llamado "nuestro señor desollado", dios de la primavera y de las lluvias nocturnas (las mejores para los cultivos). Es un dios al que se le ofrece la sangre de los sacrificados para la fertilidad de la tierra. Los rituales debieron ser impactantes, al ídolo de piedra se le cubría, como con un manto humano, con la piel arrancada a los prisioneros de los aztecas. La sangre producida era arrojada a la tierra, como una especie de semen rojo que la fertilizaba para las buenas cosechas.
Este dios otorgó su piel para que hubiera buenas cosechas y luego se le vistió de pieles humanas en recordatorio de su sacrificio, como devolviéndole esa piel que había perdido. El día de su celebración era el 3 de mayo (fecha luego "actualizada" por la religión católica, día de la Santa Cruz, lugar donde se derramó La sangre divina) y creo que en algunos pueblos de El Salvador siguen teniendo fervientes adeptos.
La importancia del Xipetotec es tal que debemos recordar que fue uno de los dioses que participaron en la creación del mundo.
Las razones del Xipetotec
Este dios ofreció su piel para la continuidad de la vida. Sus devotos, después de verter la sangre sobre tierras infértiles, visten al ídolo de piedra como devolviéndole lo perdido, haciéndolo vivir ahora a él. El simbolismo que todo esto arroja quiere decir que el dios vive con la piel prestada de otro, para vivir necesita del otro.
Esta es la idea del máximo sacrificio, ofrecer la vida para que otro u otros vivan. En la idea cristiana es Jesús quien se sacrifica para que vivamos todos nosotros, pero en la religiosidad indígena somos nosotros quienes hacemos vivir a los dioses. Idea verdaderamente escandalosa si la miramos en nuestros tiempos modernos cuando los ídolos están cayendo. Aquí no ahondaremos en estos terrenos, simplemente quiero mencionar esa idea de sacrificio y de vida para los demás, sean dioses o sean hombres.
La fotografía y Xipe
Esa idea de "vivir a través de otro" sienta bien en lo que es la fotografía en sus dos aspectos.
Primero. Es cierto que nosotros los fotógrafos capturamos las imágenes de aquello que otros hicieron (llámense hombres, naturaleza, casualidad o Dios). Esta idea resulta un tanto aborrecida por los fotógrafos ya que sobajan nuestro quehacer a un mero sentido de "copistas" (lo que, por otro lado, alegraría mucho a Aristóteles, quien señalaba que el arte es una copia de la naturaleza) y aunque es cierto en parte esta aseveración, nuestro quehacer exige que se le vea como un arte en toda la extensión de la palabra. Ya que es, aquí el segundo aspecto, una creación enteramente nueva, no una simple copia.
Segundo. Nosotros los fotógrafos damos vida nueva a aquello que fotografiamos. Es en nuestras imágenes que la realidad o lo externo se ven recreados formando un paralelismo que enriquece al universo. Esas creaciones son las que hacen más interesante este mundo en el que vivimos y fue gracias a la creación del fotógrafo que pudimos acceder a una nueva interpretación de la realidad.
El Xipe de la imagen, ese debe ser el fotógrafo, un ser que se vistió con la luz de los otros arrojando una nueva vida para lo ya existente. Cada foto que realiza el Xipe multiplica las posibilidades de este mundo.
En: Textos
Permaenlace: ¿Por qué Xipe? (Texto)
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